‘Ya basta de irrespetar nuestra casa, nuestra selva’ – Medio Ambiente – Vida




En el 2019 Nemonte Nenquimo, líder indígena del pueblo waorani, marchó por las calles de Puyo, la capital de la provincia de Pastaza, en Ecuador, para celebrar un fallo judicial que le impedía al Gobierno ecuatoriano subastar sus tierras en la Amazonia para la exploración petrolera. Su victoria se convirtió en un ejemplo en Latinoamérica sobre la resistencia de los pueblos indígenas.

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Hoy, un año después, fue elegida como una de las 100 personalidades más influyentes del 2020 por la revista Time, en el listado entraron en total siete latinos (ver recuadro). Nenquimo, que en su lengua significa cara de sol, tiene 35 años y es presidenta de la organización Waorani de Pastaza Conconawep y es la voz no solo de las mujeres que protegen el bosque como su casa, sino de cientos de indígenas afectados por las compañías petroleras que destruyeron sus territorios.

El perfil de ella lo escribió el actor y activista medioambiental Leonardo Dicaprio y dijo: “La causa de Nemonte es nuestra causa. Ella inspira a aquellos con los que habla a que carguen con la roca más cercana y caminen a su lado mientras su movimiento continúa creciendo. Tengo la suerte de haberla conocido, y aún tengo más suerte de haber aprendido de ella”.

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EL TIEMPO habló con ella sobre este reconocimiento, sobre las presiones contra su pueblo y sus preocupación por el pulmón del mundo, la selva amazónica, ante la reactivación económica luego de la pandemia.

¿Cómo inició este camino como defensora de la Tierra?

Por años el pueblo waorani ha luchado contra el Gobierno de Ecuador por la selva, porque querían vender nuestro territorio a las empresas petroleras, pero nosotros salimos firmes a decir que no estaban en venta, porque es nuestra casa, porque estamos viviendo aquí hace miles de años gracia a nuestros abuelos, que cuidaron este bosque. Todo esto también empezó con la ayuda y acompañamiento de mi familia: de mi padre y de mi abuelo, viendo el respeto y el amor que ellos tienen por la selva. También he visto cómo en otros pueblos indígenas de Ecuador, en el norte, llegaron las petroleras a abrir carreteras destruyéndolo todo, eso me hizo pensar en mi comunidad. Llevé a mi pueblo a ese lugar contaminado a escuchar esos testimonios: indígenas que viven con el petróleo encima por los derrames en los ríos. Eso me dio coraje para luchar por mi selva, porque ellos tenían un territorio inmenso como el nuestro, pero ahora no tienen nada, solo tienen contaminación y palma africana.

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¿Cuál es la mayor presión que tienen que enfrentar: las empresas petroleras, la deforestación, la presión del Gobierno ecuatoriano?

El Gobierno. Hemos exigido que respeten nuestro derecho a la vida y a la naturaleza, porque nosotros necesitamos ese territorio para el futuro de nuestros hijos y para el planeta. Mi papá me dice que él creció en una época en la que nuestro pueblo no tenía contacto con el hombre blanco. En ese momento no veía el aumento de la lluvia y del calor, pero ahora ya se siente el cambio, porque están devastando la madre Tierra. Sin contacto, vivíamos libres de enfermedades, el único peligro eran las culebras venenosas. Pero ahora estamos consumiendo lo que no debemos consumir, estamos matando a los animales que no debemos matar; eso es lo que provoca las enfermedades que estamos viendo hoy. La Tierra madre no necesita que la salvemos, necesita que la respetemos. Y nosotros como indígenas sabemos respetarla, sabemos sobrevivir de ella. El problema es que el mundo moderno no lo hace, y luego cuando vienen las enfermedades y el cambio climático, los gobiernos no pueden detenerlos por más tecnología y dinero que tengan.

El pueblo waorani ha sido reconocido como guerrero y defensor de la selva. ¿Cuéntenos un poco de su historia?

Antes de entrar en contacto con el mundo moderno, mi pueblo era nómada. Aún así protegían los lugares que habitaban. Quien quisiera invadir sus territorios, ellos se defendían con lanzas. Pero, después del contacto, muchos murieron de enfermedades como hepatitis, polio, tuberculosis. Los que se aislaron en la selva se salvaron. Hoy ya somos casi 5.000 waoranis. Nosotros tenemos en nuestras raíces la protección de la selva. Sabemos que somos minoría, pero con nuestro valor y nuestro conocimiento ganaremos la victoria.

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En efecto, una de esas victorias se dio el año pasado, cuando lograron proteger más de 180.000 hectáreas de su territorio ancestral de las compañías petroleras. ¿Qué significó para la comunidad ese triunfo?

Cuando nos enteramos de que el Gobierno quería vender nuestra casa, empezamos a trabajar en el mapeo de nuestro territorio. Si nos hubiéramos quedado callados, ya no tendríamos agua ni casa. Pero, junto con las mujeres, hombres, niños y ancianos, salimos a las calles de Puyo a exigir al Gobierno ecuatoriano que debían respetarnos. Con nuestra fuerza salimos caminando de la selva hasta la ciudad. Fue una victoria grande, es decir, creo que no fue solo para nosotros, es un mensaje sobre que se deben respetar a los otros pueblos indígenas. También es un impulso para los que ya fueron invadidos o que están en el mismo proceso que nosotros, y no solo en Ecuador, sino en el mundo.

Sin embargo, aún les preocupa que no se cumpla el fallo y sus tierras queden nuevamente para ser explotadas…

Me preocupa que muchas veces el Gobierno no escucha y no respeta, quiere entrar por la fuerza. También quieren ofrecerles dinero a los líderes de nuestras comunidades para entrar a nuestros bosques. Por eso les exigimos que respeten nuestra autonomía. Me gustaría hacer una ley propia para que nos respeten, porque muchas leyes del Estado que hablan de la protección de los pueblos indígenas, el Gobierno siempre las violenta.

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América Latina es de las regiones más peligrosas para los y las defensoras ambientales. ¿En algún momento sintió miedo por lo que estaba enfrentando?

Yo no he tenido miedo, porque mi padre y mi abuelo eran luchadores. Gracias a ellos tenemos este territorio inmenso. Sé que cuando tú vives todo el tiempo defendiendo un territorio, es un riesgo, porque sabemos que las empresa petroleras y el Gobierno son muy fuertes, son como monstruos. Pero los indígenas waoranis siempre han sido guerreros y no tienen miedo de enfrentarlos. Si me muero, mi hija luchará. Nuestra cultura siempre ha sido así, si es de morir, hay que enfrentarlo.

¿Es común en su comunidad el liderazgo de las mujeres?

He visto que en el mundo occidental no están permitiendo a las mujeres ser líderes, cuando somos las indicadas para proteger el bosque. En mi pueblo desde siempre hemos respetado el equilibrio: gobernaba la mujer y gobernaba el hombre en igualdad. Pero hoy vemos que el trabajo de los hombres es más reconocido. En mi caso he sido muy bendecida por las mujeres de mi comunidad: me dicen que debo cumplir mi objetivo y respaldan mi camino, porque ellas saben que sin territorio no existe la vida.

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Recientemente usted y su comunidad también interpusieron una demanda para que su pueblo recibiera atención por la pandemia. ¿Cómo han enfrentado ustedes este virus?

Sí, pero no les importó. El Ministerio de Salud Pública nunca nos atendió durante la pandemia. Aunque nos hicieron pruebas, nunca nos dieron los resultados, y nosotros como líderes teníamos que buscar otros medios para conocer los casos de contagiados. Muchos indígenas que no practicaban la medicina tradicional murieron. Hasta yo me enfermé, estuve 14 días muy enferma, no podía respirar, y con las plantas de la selva me alivié. De ahí la importancia de la selva para los pueblos indígenas. Esto se lo digo a los indígenas: no esperemos la ayuda de los gobiernos, más bien ayudémonos entre nosotros mismos.

¿Qué cree que va ocurrir con la Amazonia ahora que se reactivará la economía?

Estoy segura que cuando pase la pandemia, los gobernantes van a querer entrar a la selva a devastar: a sacar el petróleo, la madera, el oro. Por eso nosotros estamos planeado cómo vamos a impedirlo, y creo que la única manera es unirnos. Si cada comunidad indígena de la cuenca amazónica está por su lado, no vamos a tener efecto. Hay que recordar que esa devastación va a impulsar el cambio climático y eso me preocupa. Por eso, para la gente poderosa que me lee, les digo: ya basta de irrespetar nuestra casa, nuestra selva.

TATIANA ROJAS HERNÁNDEZ
Redacción Medioambiente

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