Cómo evitar las peleas de pareja durante la cuarentena – Vida




Los espacios que habitamos se han reducido. La imposibilidad de salir, de cambiar de escenario y ver a otras personas durante la cuarentena son factores que pueden retar la convivencia en pareja. ¿Cómo se organizan los deberes? ¿Qué actividades hacer juntos y cuáles en solitario? ¿Quién gasta más y quién gasta menos dinero? Cualquier incomodidad no resuelta es el potencial detonante de un enfrentamiento.

Esta coyuntura representa “un gran cambio en la medida en que no hay espacios individuales. Las personas tienen que estar con su pareja. Incluso hay quienes viven también con sus padres”, dice María Martínez, psicóloga clínica, docente de la Universidad de los Andes y profesional del centro de fertilidad Eugin.

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“Esto limita espacios de liberación de estrés, pues las personas están en función de interactuar con la familia”, agrega.

Además de la falta de tiempo para uno solo, la dinámica del hogar plantea retos: nos debatimos entre el trabajo y las labores domésticas; nos preguntamos cómo asumir las tareas virtuales de nuestros hijos, si corresponde, y tenemos una gran inquietud por la economía. Este escenario es un campo abonado para los conflictos entre las parejas, que en efecto se han recrudecido, dicen las expertas.

Por esto y con el ánimo de evitar las tormentas bajo techo es necesario “hacer acuerdos previos sobre los roles en casa y de respeto por las diferencias”, dice la psicóloga Sandra Herrera. Con esta premisa es más fácil y establecer estrategias para solucionar un conflicto.

Lo primero es evitar

El mejor escenario es anticiparse a los conflictos y buscar soluciones prontas. Siguiendo a la psicóloga Martínez, hay tres herramientas básicas para lograrlo.

La primera es cuidarse a sí mismo. “Cada uno debe encontrar maneras de manejar su estado de ánimo. Muchos no se hacen cargo de sus ansiedades, se tragan todo, y esto los predispone al conflicto”, dice. Los espacios de descanso son importantes. En una relación, cada uno debe tener un momento al día en solitario y revisar su estado emocional.

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La segunda herramienta es anticipar, como señaló Herrera. Ahora que estamos juntos todo el tiempo, algunos aspectos que generan roces pueden acumularse. “Es importante que piensen cuáles son los motivos recurrentes en la pareja y que hagan antes un plan para manejarlos. Por ejemplo, si saben que un motivo de discusión es el desorden, hay que hacer un plan para evitarlo”, explica Martínez.

Y el tercer instrumento es salir de la monotonía. Es todo un reto ahora, cuando la cotidianidad no tiene una división de espacios y los días son parecidos. Se recomienda encontrar planes en pareja o en familia para la diversión. Muchos no han construido una fuente de placer en su hogar: no hay mejor momento que ahora para hacerlo.

Manejar el conflicto

La discusión es inevitable y estalla. En este punto, la primera recomendación es escuchar. Expertas aconsejan poner la intención de entender al otro y dedicarle minutos para saber cómo piensa, sin interrumpirlo. Luego, verificar que comprende su posición. “En temas conflictivos, lo que otro piensa no es coherente con lo que yo pienso, pero puedo intentar comprenderlo”, dice Martínez.

Otro consejo es hablar de uno mismo sin atacar. Evitar a toda costa frases como “cuando tú hiciste y yo te dije…”. Prefiera hablar de lo que siente antes que recriminar las acciones de su pareja.

Si la conversación escala, si se sube el tono de voz y se dicen cosas hirientes, es mejor parar. “Cuando alguien está metido en una emoción, miedo o rabia, pierde su capacidad de razonar y de interpretar el contexto. Lo mejor que puede hacer es permitir que la emoción baje”, dice Martínez.

Evite a toda costa frases como ‘cuando tú hiciste y yo te dije… ‘. Prefiera hablar de lo que siente antes que recriminar las acciones de su pareja

Por eso, cuando aparezca cualquier tipo de agresión hay que alejarse y buscar calma. “Cuente hasta diez, llame a un amigo, haga ejercicio… dedíquese a una actividad distinta”, agrega la experta. Más tarde, algunas horas o, incluso, un día después, sí pueden sentarse a hablar. Desde un estado mental calmado es posible entender el punto de vista de su pareja, buscar soluciones y llegar a acuerdos.

En cualquier caso, es clave reconocer y aceptar que no estamos bien todos los días. “Uno puede decírselo al otro: ‘tengo un mal día o estoy en un mal momento’ ”, dice Martínez. Reconocer la propia vulnerabilidad frente al otro es importante para lograr una comunicación honesta y asertiva.

Este momento es circunstancial. En algún instante pasará, dice la psicóloga Herrera, “y por eso tenemos que superar esas discusiones ‘porque sí y porque no’ ”. Aprender a solucionar los problemas, abrir espacios para el diálogo, siendo más efectivos a la hora de comunicar los sentimientos, hará que las parejas se fortalezcan y sean más resistentes, para construir un proceso de vida más sólido.

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¿Qué intensifica los conflictos?

María Martínez explica tres puntos claves que interfieren en las discusiones de pareja.

La tendencia a ‘leer la mente’. “No lavó la ropa porque no le importa”. “No me dijo nada porque para ella o él no es importante lo que yo piense”. Ese tipo de presunciones, equivocadas en su mayoría, hacen que las lecturas del otro sean negativas. El consejo es hablar antes de asumir qué piensa el otro.

Quién gana. Algunas parejas establecen una interacción nociva y buscan imponerse con el tono de voz más alto, la ofensa más dolorosa o la burla más cruel. “Esto suena primitivo, pero pasa”, dice Martínez. Es necesario estar atentos a cuando las conversaciones lleguen a esto y parar. Es mejor dejar de hablar que darle rienda suelta a la agresión.

No dar soluciones. Seguido de lo anterior, puede pasar que se evita una pelea, pero algunos nunca retoman el problema. Dejan pasar horas, días, sin hablar del asunto y retoman sus rutinas sin resolver el conflicto. “Es importante que, con ánimos calmados, se llegue a acuerdos sobre lo que generó conflicto”, señala Martínez. Es, entonces, necesario hablar, escuchar, aceptar y estar dispuestos a negociar.

NATALIA NOGUERA – monnog@eltiempo.com
REDACCIÓN EL TIEMPO

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