Talento en televisión



Con mucha pompa el Gobierno recibió el primer cargamento de 50.000 vacunas (tardías y escasas, si nos comparamos con el mundo y la región) contra el covid-19. Presidente, “Vice” y Minsalud recibieron en la pista del aeropuerto al contenedor, cubierto por una bandera de Colombia.

Hace algunas semanas, Duque había reclamado que no se hiciera politiquería con las vacunas. Y tiene razón. El problema es que la parafernalia de la recepción de esta “dosis mínima”, como tituló El Espectador, parece contradecir ese propósito. También hace poco contestó, ante las críticas por la demora en el inicio de la vacunación, que de poco servía un despliegue político iniciando pronto si después avanzamos despacio. La apuesta en Colombia, según ha anunciado, es avanzar a paso firme una vez inicie la campaña. Fue más lejos: la meta es vacunar a un millón de colombianos en los primeros 30 días y a 35 millones en 2021.

Espero que tenga razón y estos propósitos se cumplan. No solo por las razones obvias, logrando una transición (que en todo caso será gradual y prolongada) a una nueva nueva normalidad, sino porque cualquier traspiés que erosione la credibilidad de los anuncios del Gobierno puede traer dificultades añadidas al proceso de vacunación.

En efecto, algunos datos indican que las personas que confían más en la información que reciben de los gobiernos, tienen mayor disposición a ponerse la vacuna. Que el plan se cumpla al pie de la letra, consolidando la credibilidad del Gobierno y la confianza del público, puede entonces ayudar a que el plan se cumpla al pie de la letra (y viceversa).

Para ello, insisto, el Presidente tiene razón en que el asunto no se debe politizar. Un estudio para los Estados Unidos (claro, un ambiente quizás aún más polarizado que el nuestro recientemente) muestra que si los políticos se involucran en los anuncios, cae la aceptación de la vacuna. Es mejor dejar que hablen las autoridades sanitarias.

Todo este asunto cobra un tono particularmente trágico cuando quienes más desconfían del Gobierno (y por añadidura, de las vacunas) han sido quienes, además, han sufrido más por la pandemia. Ese ha sido el caso de la población negra y latina en los Estados Unidos.

En Colombia, mucho se ha dicho, y esta columna parece disco rayado, sobre el impacto desigual de la pandemia en la población, afectando más tanto la salud como el bolsillo de los más vulnerables. Pues bien, uno esperaría que esta población sea la más ansiosa por vacunarse. Pero datos de la tercera ronda de la encuesta Recovr, liderada por Innovations for Poverty Action (IPA) indican algo diferente.

En su más reciente versión (de noviembre de 2020) la encuesta encontró que algo más de 60% de los encuestados afirman que se vacunarían contra el covid-19. Al usar información, de la misma encuesta, sobre si los adultos del hogar han tenido que limitar el tamaño de las porciones de sus comidas en los últimos siete días, se encuentra que quienes no han tenido que limitar sus comidas tienen una disposición ligeramente mayor a vacunarse (63,8%) que quienes sí han tenido que limitar el tamaño de sus porciones al menos una vez al día (61,7%). Si combinamos esta menor disposición con las trabas adicionales que podrían tener las personas vulnerables (por ejemplo, por falta de información, tiempo o dificultades de acceso) la pandemia podría resultar doblemente injusta: la enfermedad, y el remedio, inequitativamente distribuidos.

El Gobierno tiene entonces un reto enorme por delante para consolidar la credibilidad y confianza del público. Esto sin contar los riesgos por las noticias falsas, que se ha demostrado pueden reducir la aceptación de las vacunas.

Esperamos que las cosas salgan bien. Para eso, tal vez vale la pena que el Presidente Duque y todos los políticos de ahí para abajo cumplan a mayor cabalidad la consigna de no usar la campaña de vacunación políticamente. Eso incluye dejar que los operarios de El Dorado y las autoridades sanitarias reciban los contenedores. Usted, Presidente, quizás tiene cosas más urgentes que hacer. Y, también, según evidencia de otras latitudes, que los anuncios los hagan las autoridades de salud. Si la vacunación sale bien, la historia le perdonaría muchos males a este gobierno. Puede ser momento de prevención y acción, pero fuera de la televisión.

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