Vida en la cárceles: Juntos podemos, el grupo que trabaja por internas de El Buen Pastor – Servicios – Justicia




La experiencia de visitar por primera vez una cárcel le sirvió a Elisa Zuluaga para constatar el horror y precariedad que se vive en el interior de los centros penitenciarios. Después de ese día de 2013, decidió juntar a algunas de sus amistades para “hacerles la vida más llevadera” a las internas de El Buen Pastor.

Tocaron puertas y, en Navidad, les llevaron regalos y kits de aseo a quienes pasan sus días en el penal, desde las reclusas hasta los guardias y los funcionarios administrativos.

Desde entonces, hace ya siete años, el trabajo en las prisiones se fue haciendo más recurrente, hasta llegar a ocupar todas las mañanas de Zuluaga y otras once personas. Ella, que por años fue docente de primaria, dice entre risas: “Solo hay dos jovencitas, el resto somos adultos ya maduritos, se podría decir que adultos mayores”.

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Usted entra sin prejuicios. Les entrega una sonrisa a todas

Ese grupo de hombres y mujeres se llama Juntos Podemos, y a partir de 2015 le adicionó a las entregas de donaciones una actividad clave para la resocialización de las personas privadas de la libertad. Se trata de talleres en tejido, dibujo y pintura, crecimiento personal y lectura que, hasta antes de la emergencia por el covid-19, les dictaban a las internas que hacen parte de grupos minoritarios.

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“Usted entra sin prejuicios. Les entrega una sonrisa a todas. El objetivo es darles una herramienta para que se distraigan y para que obtengan algo de dinero de los productos que hacen”, cuenta Zuluaga, quien durante los años de trabajo en los centros de reclusión ha conocido de cerca las historias de quienes llegan a estos lugares.

Juntos Podemos está conformado por 12 personas.

“Se ve mucha drogadicción. Cuando estas mujeres ingresan a la cárcel, les dan una colchoneta, y se han visto casos de internas que las desbaratan para fumarselas. Hay quienes raspan las paredes, desbaratan los baños para usar las tuberías o se toman el gel porque tiene un alto contenido de alcohol. Son situaciones muy difíciles”, cuenta.

A eso se le suman condiciones como el altísimo hacinamiento en las prisiones, la deficiente calidad de las comidas e infraestructura, y las implicaciones en salud mental que supone el enfrentarse a la privación de la libertad. Por eso, la labor de Juntos Podemos se convierte en un bálsamo para muchas de las internas.

En las prisiones todo es con las uñas. Todo es a base de gente como nosotros que les ayuda

A pesar de la imposibilidad de entrar a las cárceles por el covid-19, este grupo de voluntarios no ha dejado de trabajar en pro de las reclusas. Buena parte de sus acciones implican golpear la puerta de empresas, gestionar y direccionar donaciones que les permitan satisfacer algunas de las necesidades que el sistema carcelario no suple.

“En las prisiones todo es con las uñas. Todo es a base de gente como nosotros que les ayuda”, cuenta Zuluaga.

En sus siete años de trabajo, Juntos Podemos ha logrado enlazarse con un puñado de compañías benefactoras, con las que cubren varios frentes. Para la entrega de kits de aseo y cuidado personal, han recibido el apoyo de Unilever, Recamier, Belleza Express, Duprée, entre otras. Para las donaciones de alimentos, empresas como Alpina, City Cake y Cascabel, entre muchas otras, les han extendido la mano.

Pero, como grupo, también organizan actividades para recolectar fondos. Desde almuerzos hasta bingos o ventas de ropa usadas, con los que han logrado financiar los materiales para dictar sus talleres, comprar los libros del club de lectura y hacer campañas de impacto en la población carcelaria.

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“Lo nuestro es pura voluntad. No tenemos fundación ni NIT ni revisor fiscal. No tenemos nada de eso. Somos solo un grupo de personas que queremos ayudar, vamos y lo hacemos. Y así nos la pasamos felices”, remata Elisa Zuluaga.

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