¡Universidades, a repensar el país! – Educación – Vida




El país tiene delante de sí una agenda simple en la formulación, pero enormemente compleja en su implementación. En primer lugar, tenemos que aprender a vivir con el coronavirus, y la única forma de hacerlo es con la ética del cuidado mutuo; la irresponsabilidad se paga con la vida. En segundo lugar, tenemos que reactivar la economía, no podemos continuar encerrados indefinidamente. Con prudencia hay que impulsar la actividad económica; el hambre no da espera. En tercer lugar, el país tiene que avanzar en la solución de los graves problemas que la pandemia ha puesto en evidencia; estos problemas son estructurales, pero no les habíamos dado suficiente atención.

Algunos segmentos de opinión afirman que esta tarea le corresponde exclusivamente al Gobierno Nacional. No comparto esta interpretación, que considero simplista. Todos los ciudadanos y todas las organizaciones somos corresponsables.

A continuación quiero compartir algunas reflexiones sobre los aportes que el país pide a las universidades, las cuales prestan un invaluable servicio mediante la formación de profesionales y tienen sólidos grupos de investigación. Todas las universidades, públicas y privadas, están llamadas a repensar el país, dando prioridad a aquellos problemas cuya gravedad y urgencia la pandemia ha sacado a la luz pública. Se trata de problemas estructurales, de vieja data, que el país ha venido posponiendo. A manera de ejemplo, me voy a referir a algunos de ellos, sabiendo que la lista es mucho más larga y complicada.

Empecemos por la salud pública. Es responsabilidad de las universidades reforzar la formación en salud pública y epidemiológica de quienes se están preparando como futuros profesionales del sector de la salud. Hay que poner en marcha potentes iniciativas que eviten que la gente desarrolle enfermedades prevenibles y fallezca por causas que se pueden evitar. Los factores ambientales, económicos, sociales y los estilos de vida pueden representar el 80 % de los problemas de salud.

Una vez superada la emergencia nacional de las unidades de cuidados intensivos y respiradores deberíamos concentrarnos en la prevención. Actualmente, el 96 % de los recursos se gastan en atención y solo el 4 %, en salud pública.

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Las universidades debemos proponer unas acciones que permitan superar el miedo y avanzar hacia un autocuidado que no produzca fracturas en las relaciones interpersonales

La pandemia ha evidenciado grandes desafíos en salud mental, los cuales deben ser atendidos de acuerdo con la etapa del ciclo vital en que nos encontramos. Todos los colombianos estamos enfermos de miedo. El miedo nos paraliza y nos produce un terrible desgaste. Los niños no entienden por qué no pueden jugar en el parque, encontrarse con sus amiguitos y visitar a sus abuelos. Los adolescentes viven la cuarentena con un profundo aburrimiento, que buscan mitigar con los videojuegos. Sus padres están asustados por la crisis económica. Los adultos mayores tienen miedo a contraer el virus, ser aislados en una UCI lejos de la familia y morir. Todos estamos enfermos de miedo. Nos agobia la incertidumbre. Las universidades debemos proponer unas acciones que permitan superar el miedo y avanzar hacia un autocuidado que no produzca fracturas en las relaciones interpersonales. Una sociedad atemorizada no es capaz de reinventarse.

En este momento, el retorno a los salones de clase es objeto de un intenso debate en el que participan los padres de familia, los profesores, los estudiantes, el Ministerio de Educación. El tema es muy delicado. Mientras no exista una vacuna estará presente el riesgo del contagio. Tenemos que hacernos a la idea de un retorno a las clases con cautela y dentro de unas restricciones. Los procesos formativos combinarán momentos presenciales y experiencias virtuales. ¿Qué podemos hacer las universidades? Mejorar la infraestructura tecnológica y las capacidades pedagógicas de los profesores para que usen adecuadamente todo el potencial que ofrecen las plataformas digitales. Durante la cuarentena, todos los profesores se vieron obligados a usar estas herramientas tecnológicas. Ya les perdieron el miedo. Ahora deben perfeccionar su uso.

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Al mismo tiempo que los profesores mejoran sus destrezas pedagógicas hay que hacer un esfuerzo significativo por mejorar la conectividad digital del país. La revolución digital llegó para quedarse. Hay que hacer cuantiosas inversiones. Se trata de un proyecto urgente que moviliza a muchos actores: el Gobierno Nacional, los inversionistas privados, las universidades y colegios, los proveedores de computadores que tienen la posibilidad de hacer llamativas promociones para la adquisición de estos equipos, que se convirtieron en algo esencial para la vida diaria.

La pandemia ha dejado al desnudo las crueles inequidades que el país ha venido arrastrando a lo largo de su historia. Hemos visto cómo las autoridades exhortan a la población para que permanezca en sus casas. Amplios sectores de nuestras ciudades han tenido que ser encerrados. Con dolor tenemos que reconocer que el hambre exige volver a la calle para rebuscar el alimento del día a como dé lugar.

Hay que hacer un esfuerzo significativo por mejorar la conectividad digital del país. La revolución digital llegó para quedarse

Hay que poner sobre la mesa del debate nacional temas tan urgentes como la renta básica universal, el desempleo, las pensiones, el envejecimiento de la población, etc. Todos estos temas están interconectados y piden revisar el modelo económico. No hay que ponerse nervioso con esta revisión. No se trata de negar la propiedad privada ni abolir la economía de mercado. Los intentos que se han hecho han fracasado y han acentuado la pobreza de los pueblos. Los ejemplos los tenemos muy cerca.

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Las facultades de Economía de nuestras universidades y los centros de estudio tienen a las personas más cualificadas para abordar estos temas. Invito a los grupos de investigación a que revisen sus agendas. Con frecuencia concentran sus esfuerzos en la publicación de un artículo en una reconocida revista internacional. Esto conlleva prestigio y puntos para ascender en el escalafón. En este momento tan duro que vivimos necesitamos que los grupos de investigación estén absolutamente conectados con los dolores y gritos del país. Los artículos que les darán fama y ascensos pueden esperar un poco para su publicación. Necesitamos que se concentren en los problemas que nos asfixian. Formulen proyectos que puedan convertirse en políticas públicas. Que sus voces autorizadas e inteligentes resuenen por encima de los ruidos emitidos por otros actores políticos que no están pensando en un proyecto de país, sino en sus agendas electorales particulares.

Las limitaciones de espacio me han exigido concentrarme en unos pocos temas como la salud pública, la salud mental, el retorno a las clases, la conectividad digital y la revisión del modelo económico. La lista es mucho más larga y compleja. Solo he pretendido motivar a la comunidad académica para que nos involucremos más directamente en la solución de los grandes problemas nacionales que el covid-19 ha dejado al desnudo. No se trata de organizar marchas y plantones. Se trata de aportar soluciones inteligentes y realistas.

JORGE HUMBERTO PELÁEZ S. J.*
Para EL TIEMPO* Jorge Humberto Peláez S. J. es rector de la Universidad Javeriana

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