Químico Michael Braungart habla de producción y sostenibilidad – Ciencia – Vida




En el 2002, el químico alemán Michael Braungart y el arquitecto estadounidense William McDonough sorprendieron al mundo con su libro ‘Cradle to Cradle’ (‘De la cuna a la Cuna, rediseñando la forma en que hacemos las cosas’, en español), en el que proponían que las empresas debían asumir la sostenibilidad no desde técnicas anticuadas como el reciclaje, sino desde el diseño mismo de sus productos, un paso necesario para lo que llamaron ‘la siguiente revolución industrial’.

Braungart y McDonough consideraban que los métodos de reciclaje eran obsoletos, pues implicaban reutilizar objetos y materiales que no habían sido diseñados para tal fin:

“Para lograr sus soluciones de diseño, los fabricantes diseñan para las peores circunstancias posibles, de modo que sus productos siempre operen con la misma eficiencia. Este objetivo garantiza el mayor mercado posible para un producto y revela la relación peculiar de la industria humana con el mundo natural, ya que refleja en todo momento la suposición de que la naturaleza es el enemigo”, dicen los autores en la obra.

Las postulados del libro sirvieron para crear la certificación C2C, que se otorga a las empresas que cumplen con condiciones de diseño en cinco áreas relacionadas con el impacto en la salud de los materiales, su capacidad de reutilización, el uso de energías renovables y del carbono, el gasto de agua y la justicia social.

(Lea también: ‘A los ambientalistas nos faltó ser mucho más extremos’)

Braungart, PhD en química de la Universidad de Hannover, y quien lideró la creación de la Agencia para el Fomento de la Protección Ambiental en Alemania y de la sección de química de Greaanpeace, ha colaborado en el desarrollo de productos como telas comestibles o tapetes que purifican el aire. Esta semana estuvo en Colombia para asistir al festival ‘Detonante’ y habló con EL TIEMPO.

¿Qué significa de la cuna a la cuna?

Significa que debemos reinventar todos nuestros productos para que sean buenos, no menos malos. La gente piensa que reciclando protegerá el medioambiente un poco, pero no lo están haciendo, solo minimizan el daño. Es lo mismo que decir: “protejan a sus hijos golpeándolos cinco veces en lugar de diez”.

Tenemos que aprender a ser buenos con las otras especies. Europa decidió ser climáticamente neutros, lo cual es estúpido, porque solo puedes ser neutro cuando no existes. Los humanos somos la única especie que crea desperdicios.

Con todo este cerebro, somos más estúpidos que los otros animales. Debemos aprender a crear objetos que sean buenos para nuestro planeta, siendo útiles para los ciclos biológicos.

¿Cuál es la relación de este concepto con la siguiente revolución industrial?

En el 98 escribimos un artículo en conjunto con McDonough para una revista al que llamamos así. Hoy la revolución industrial está más relacionada con el mundo digital. Cuando las personas piensan en digital piensan en el radio de sus carros o sus lavadoras.

Para nosotros, la revolución significa el final de los desperdicios, saber de qué están hechas las cosas desde el principio. Así, cuando las consumes y las transformas química, biológica o físicamente, tienen que estar disponibles para la biosfera o la tecnosfera, dependiendo de si es un producto o un servicio.

La gente compra páneles solares, pero no los necesitan. Lo que necesitan es el servicio que proveen. La gente compra lavadoras cuando lo único que necesita es limpiar ropa. Entonces, ¿por qué no comprar 3.000 ciclos de lavado? La gente compra ventanas sin necesitarlas, lo único que necesita es poder mirar a través de ella y estar aisladas del exterior.

Debemos aprender a crear objetos que sean buenos para nuestro planeta, siendo útiles para los ciclos biológicos

¿Qué empresas que están aplicando el concepto de ‘Cradle to Cradle’?

Un buen ejemplo es Ford, en cabeza de su CEO Jim Hacket, que sistemáticamente trabaja con economía circular para todos sus nuevos productos. Lo mismo con Tesla, que empezó con el concepto desde el principio. Varias empresas en Europa ya no venden ventanas, venden 30 años de servicio de poder mirar hacia afuera. Esto va muy rápido, principalmente, porque las nuevas generaciones quieren estar orgullosas de lo que hacen.

¿Los métodos de reciclaje siguen siendo obsoletos?

Sí, porque no son reales. Primero necesitamos cambiar los materiales. Estamos haciendo las cosas equivocadas perfectamente hasta que se vuelven perfectamente equivocadas. Un celular tiene 41 elementos químicos, y llaman reciclar a reutilizar solo nueve de ellos.

Necesitamos rediseñar, y Colombia es famosa por saber hacerlo por lo que podría ser un ejemplo para toda Latinoamérica. Puedo decirle que, si quiere conocer uno de los 10 mejores lugares del mundo para el futuro, vaya a Medellín. El que una vez fue uno de los lugares más oscuros ahora es uno de los más brillantes.

Mientras tanto, Europa está preocupada por reducir, minimizar y evitar. Así cambiemos nuestros estilos de vida mataremos nuestro planeta. Necesitamos nuevas ideas que impliquen celebrar la huella humana, no minimizarla; debemos tener una huella más grande para que beneficie al planeta.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
nicbus@eltiempo.com
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