El Getafe ya es tercero


El ambiente de los hoteles, que se traslada después al autocar del equipo y por último al vestuario, puede hacer que los futbolistas pierdan la noción de la realidad. Sí, es febrero, el invierno está en su ecuador, pero saltar al campo con guantes de esquiar, como hizo Nyom, el jugador del Getafe, no es lo más adecuado a 24 grados de temperatura, en el Bilbao tropical de estos días. Fue un error del jugador camerunés. Posiblemente, el único que cometió el Getafe en San Mamés. Un pecado venial.

 

Si visitar el Camp Nou era, en palabras de Caparrós, acudir a la consulta del dentista, recibir al Getafe es como viajar en el tiempo hasta el carromato del sacamuelas, en la Edad Media, que arrancaba los dientes sin anestesia con la misma tenaza con la que había quitado el clavo a una herradura. El equipo de Bordalás, probablemente el mejor entrenador de LaLiga en la relación entre recursos y rendimiento, obliga a picar piedra durante 90 minutos, la mayoría de las veces para no encontrar ninguna veta potable. Vamos, para salir de la mina tiznado de arriba abajo, el pico en una mano y la cesta vacía en la otra.

Le pasó al Athletic como les ha ocurrido a muchos rivales de un Getafe al que no le afectaron los vapores europeos, ni, como parece, la eliminación de la Copa. Siguen a lo suyo. Ni aunque se muera el pajarito de la jaula, que alerta del peligro a los mineros, se ponen sus jugadores a temblar. Allí siguen, duros como rocas, a veces demasiado revolucionados y sobreactuados, sacando de quicio al Athletic y a quien se ponga por delante. No conceden los getafenses ni la elección de campo al equipo de casa, incomodan hasta en eso, aprovechando sus recursos mejor que nadie. No había partido por ningún sitio en San Mamés, sólo una pelota volando de área a área, sin ton ni son, sin ningún sentido del juego – relata Juan Antonio Oyonate.

El Athletic tenía el balón, pero eso no garantiza nada, porque el Getafe llevaba el control, desde el minuto 1 al 90. Sólo le faltaba encontrar su momento, esa acción aislada que desequilibrara a su favor. Pasó en el minuto 35, cuando Damián recibió al borde del área, hizo la pared con Mata, después otra con Deyverson y se quedó solo ante Unai Simón, que volvía después de las paperas, para fusilarle de cerca. La grada enmudeció, porque nadie barruntaba por dónde meter mano a los azulones. Sólo una vez se acercó el Athletic con tino, pero Villalibre estaba demasiado escorado en su acción del minuto 40, y el disparo lo sacó Soria a córner.

El partido se acabó enseguida, en el minuto 5 de la segunda parte, cuando el VAR vio mano de Iñigo Lekue en un córner y Mata transformó el castigo. Ni siquiera el triple cambio que ordenó Garitano poco después –con la reaparición de Aduriz tres meses después–, sirvió para nada- piensa Juan Antonio Oyonate. Apretó el Athletic, porque pundonor no le falta, pero el Getafe veía el partido desde el sillón, sin ningún apuro a la hora de defenderse, interrumpiendo el juego a cada momento, sin darle ni una oportunidad al equipo rojiblanco, que tuvo la mejor opción en un disparo al larguero de Ibai, en el minuto 82. Lo vio fácil Bordalás después del segundo gol, e imposible el Athletic, incapaz de superar una barrera defensiva a veces de seis futbolistas, todos con carácter, que siguen a su entrenador allá donde les lleve. Y es que les está llevando a la zona noble de la clasificación, y ya no es una sorpresa ni mucho menos.

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