Una historia, dos aprendizajes/ De tu Lado con Álex – Vida




Recientemente fui testigo de algo que me impactó, y lo quiero compartir. Hace un tiempo, un amigo me confesó que no veía la hora de que su negocio prosperara y lo convirtiera en multimillonario. Al preguntarle por qué era tan importante para él tener mucho dinero, me respondió –con algo de rabia y dolor– que era por un recuerdo de infancia que hasta hoy lo atormentaba.

De niño, le había pedido a su papá una patineta de regalo. En vez de dársela, su padre le dio la foto de una patineta y le explicó que, si la quería, tendría que trabajar para comprársela él mismo. Con lágrimas en los ojos recordó todo el esfuerzo que le costó por fin comprarla… era un niño de 10 años. Por eso, su anhelo desesperado de ser multimillonario: sus hijos nunca se someterían al sufrimiento que él experimentó por la dureza innecesaria de su papá.

Un mismo hecho con dos interpretaciones completamente distintas. ¿Cuántas veces nos habrá pasado que por no hablar y no entender el otro punto de vista juzgamos y arrastramos rencores innecesarios?

Casualmente, tiempo después conocí al padre. En un acto de espontaneidad, le empezó a contar a la persona que nos acompañaba lo orgulloso que se sentía por los logros de su hijo; sabía que el hombre bueno y exitoso que era hoy se lo debía a las lecciones aprendidas de niño. Y ahí pude escuchar, literalmente, ‘el otro lado de la historia’.

El hijo quedó negativamente marcado de por vida. El dolor rige sus ambiciones, mientras que el papá considera que le dio la mejor lección de vida posible.

El papá contó que él siempre se preocupó por enseñarle a su hijo a valorar el dinero, pues lo veía dejar botados sus juguetes y descuidando sus cosas. Cuando le pidió una patineta, él lo vio como una oportunidad de oro para darle una linda lección de vida. Pensó cómo podía ayudar a su hijo a obtener herramientas para que apreciara el dinero y fuera más responsable. Entonces se le ocurrió la idea de la foto. Con una enorme sonrisa, confesó lo feliz que era al ver los resultados de su estrategia.

El hijo quedó negativamente marcado de por vida. El dolor rige sus ambiciones, mientras que el papá considera que le dio la mejor lección de vida posible. Un mismo hecho con dos interpretaciones completamente distintas. ¿Cuántas veces nos habrá pasado que por no hablar y no entender el otro punto de vista juzgamos y arrastramos rencores innecesarios? ¿Usted les sigue ‘cargando rabia’ a sus padres? A veces, las cosas no son como las imaginamos; seguramente ellos hicieron lo mejor que pudieron con la información que tenían en ese momento.

ALEXANDRA PUMAREJO

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