Economista de Harvard explica qué hacer tras las manifestaciones de Hong Kong, París y Santiago



Jeffrey Sachs señala que el crecimiento económico sin justicia y sustentabilidad ambiental es una receta para el desorden.

Diario Financiero – Santiago

Uno de los economistas más importantes del mundo, Jeffrey Sachs, escribió esta semana una columna de opinión sobre los conflictos sociales que se han suscitado en París, Hong Kong y en Santiago y qué se debe aprender el resto del mundo para encontrar soluciones frente a la desigualdad.

El asesor de la ONU no es un desconocido en Chile. Mientras el ministro de Hacienda, Felipe Larraín hacia sus estudios de doctorado en Harvard durante los 80′ conoció a Sachs, quien le dictó clases de macroeconomía y además fue su profesor guía en su tesis. Su relación es bien estrecha y de hecho ambos escribieron un libro sobre economía global.

Sachs escribió que “tres de las ciudades más prósperas del mundo han estallado en protestas y disturbios este año”. Estas urbes son París, Hong Kong y Santiago. “Cada protesta tiene sus factores locales distintivos, pero, en conjunto, cuentan una historia más amplia de lo que puede suceder cuando una sensación de injusticia se combina con una percepción generalizada de baja movilidad social”.

Sachs destaca que Santiago tiene un ingreso per cápita que ronda en los US$ 18.000 una de las ciudades más ricas de América Latina y que además el país lidera en la región en el ranking publicado por el Informe Global de Competitividad 2019. No obstante, “si bien estos países son bastante ricos y competitivos según los estándares convencionales, sus poblaciones están disconformes con aspectos esenciales de sus vidas”.

Para esto, pone de ejemplo que el Informe sobre la Felicidad Mundial 2019, las personas de Hong Kong, Francia y Chile sienten que sus vidas están considerablemente estancadas y agrega que en nuestro país tenemos “la mayor desigualdad de ingresos en la OCDE, el club de los países de altos ingresos”.

En estos tres países, “los jóvenes de las urbes que no nacieron en un contexto próspero están desesperanzados ante las opciones que se les presentan para encontrar una vivienda asequible y un trabajo decente”. Agrega que “debido a los precios muy elevados de la vivienda, la mayoría de la gente se ve obligada a vivir lejos de los distritos comerciales centrales y, por lo general, dependen de vehículos personales o transporte público para llegar al trabajo. Gran parte de la población, por ende, puede ser especialmente sensible a los cambios en los precios del transporte, como quedó demostrado en la explosión de las protestas en París y Santiago”.

Las reflexiones

Sachs señala que se debe aprender que “quizá más importante, y menos sorprendente, sea el hecho de que las mediciones económicas de bienestar tradicionales son totalmente insuficientes para medir los verdaderos sentimientos de la población”.

El economista de Harvard apunta que “el PIB per cápita mide el ingreso promedio de una economía, pero no dice nada sobre su distribución, las percepciones de justicia o injusticia de la gente, la sensación de vulnerabilidad financiera de la población u otras condiciones (como la confianza en el gobierno) que pesan mucho en la calidad de vida general”.

Critica que otras mediciones como de competitividad o libertad económica “tampoco capturan demasiado sobre la sensación subjetiva de justicia de la población, la libertad de elección en la vida, la honestidad del gobierno y la confiabilidad percibida de los conciudadanos”.

Así, sugiere que “para aprender sobre estos sentimientos, es necesario preguntarle a la población directamente sobre su satisfacción en la vida, su sensación de libertad personal, su confianza en el gobierno y sus compatriotas, y sobre otras dimensiones de la vida social que pesan profundamente en la calidad de vida y, así, en las perspectivas de agitación social”.

Para esto, destaca la realización de las encuestas anuales de Gallup sobre bienestar, en la que se abarca no sólo indicadores macroeconómicos, sino que explora ámbitos de justicia social, confianza y sustentabilidad ambiental.

Sachs manifiesta que “a toda sociedad le conviene tomar el pulso de su población y prestarles mucha atención a las causas de infelicidad y desconfianza social. El crecimiento económico sin justicia y sustentabilidad ambiental es una receta para el desorden, no para el bienestar”.

Apunta que “necesitaremos una provisión mucho mayor de servicios públicos, una mayor redistribución del ingreso de ricos a pobres y una mayor inversión pública para alcanzar la sustentabilidad ambiental”.

“Políticas aparentemente sensatas como poner fin a los subsidios al combustible o aumentar los precios del metro para cubrir los costos conducirán a disturbios masivos si se llevan a cabo en condiciones de baja confianza social, alta desigualdad y una sensación generalizada de injusticia”, dice.

 

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