Homenaje a las profundas ideas económicas



Sergio Clavijo – anif@anif.com

Baumol, Feldstein y Barro. Estos tres grandes economistas tienen en común que estuvieron cerca de obtener el Premio Nobel de Economía. Sin embargo, los dos primeros (Baumol y Feldstein) fallecieron recientemente y a Barro difícil- mente se lo darán, aduciendo que su idea sobre “equivalencia Ricardiana” no ha encontrado aún comprobación empírica válida. Pero sus profundas ideas económicas bien valen esta nota homenaje.

Como economistas de la vieja guardia, cada uno de ellos innovó conceptualmente y, en la actualidad, sus ideas forman parte de las discusiones habituales sobre teoría monetaria-productividad (Baumol), faltantes pensionales (Feldstein) o sostenibilidad fiscal (Barro). Fueron mucho más importantes sus aportes conceptuales, que sus técnicas de medición. Veamos estos aportes.

William Baumol (1922-2017, 94 años). Graduado del LSE, tuvo estrecha vinculación con Princeton y NYU. Hizo grandes aportes en teoría monetaria, con el conocido teorema sobre dinero transaccional que postula elasticidades del dinero a la tasa de interés y al ingreso bajo la regla Baumol-Tobin (1952, pero cada cual aportando por su lado). También estudió Baumol de forma profunda los mercados laborales y su relación con la productividad de largo plazo.

Por ejemplo, al observarse una gran expansión del sector servicios durante las últimas décadas, ha ganado relevancia su teoría sobre “la enfermedad de costos elevados” de los servicios, particularmente en lo relacionado con la educación y la salud. Su teoría postula que si los progresos en productividad no logran “desplazar mano de obra” (dadas las especificidades de los servicios), entonces prevalecerán altos precios y altas remuneraciones al factor trabajo en esos sectores.

El ejemplo tradicional ha sido el alto precio de la producción sinfónica-orquestal (no robotizable), pero igualmente relevante ha sido en años recientes el alto costo de la educación y de los servicios de salud. Por contraste, las industrias de bienes masivos como automóviles, electrodomésticos o celulares admiten alta robotización y, así, los precios de esos bienes bajan y los trabajadores de esas ramas tienden a ver reducidos sus salarios (ver The Economist, “Cost Conscious”, junio 22 de 2019). Baumol, se dice, estuvo muy cerca de haberse ganado el Premio Nobel de Economía en 2013, precisamente por estos aportes sobre costos-productividad.

Martin Feldstein (1939-2019, 80 años). Estuvo asociado durante su carrera con la Universidad de Harvard y fue el padre del sistema de investigaciones público privadas conocido como el NBER. A diferencia de Baumol, Feldstein participó activamente como technopol en las Administraciones de Reagan y de Bush (padre e hijo). El grueso de sus aportes tuvo que ver con análisis innovadores sobre los sistemas pensionales y, a principios de los años setenta, postuló la urgencia de “privatizar” el sistema público de Estados Unidos.

Si bien ello nunca ocurrió de forma plena, sus reformas han incluido sistemas complementarios de mercado (401-K) y obligan a realizar ajustes paramétricos (de edad y tasas de reemplazo) con suficiente antelación para asegurar su sostenibilidad fiscal. Además, Feldstein hizo grandes aportes a la teoría de mercados financieros y ayudó a institucionalizar los análisis de “impuestos puros”. Recordemos que estos permiten distinguir entre las contribuciones que realmente van a incrementar la seguridad social de los aportantes vs. los impuestos escondidos como contribuciones.

Dadas sus participaciones en los Consejos Económicos Presidenciales, Feldstein estuvo cerca de haber sido el reemplazo de Greenspan en el Fed (siendo Bernanke el que tendría que enfrentar la crisis financiera de 2008-2009). Sin embargo, se dice que los errores cometidos por Feldstein como presidente del Consejo de la aseguradora AIG (no requiriendo las provisiones hipotecarias cuando se realizaban las aceleradas titularizaciones) le cortaron sus aspiraciones.

Robert Barro (1944 – vive, 75 años). Ha estado vinculado a la Universidad de Harvard y a la escuela de “expectativas racionales” de Lucas y Sargent. Se ha caracterizado por ideas novedosas en numerosos campos, incluyendo los fiscales, ciclos económicos y hasta los determinantes religiosos. La primera vez que me topé con escritos de Barro fue leyendo, en 1980, un documento tipografiado en máquina-mecánica con fecha de 1973, el cual me encontré en las oficinas del Banco de la República. Allí el consultor Barro, de 29 años, proponía para Colombia el montaje de un sistema de operaciones de mercado abierto.

Después me toparía con sus profundas ideas sobre si “la deuda pública constituye riqueza neta” (JPE, 1974), las cuales darían origen a la conocida teoría sobre “equivalencia Ricardiana”. Esta idea postula que, si los gobiernos otorgan reducciones de impuestos, teniéndose fragilidad fiscal, entonces los hogares tenderán a ahorrar esos dineros y no los gastarán, pues los agentes económicos anticipan que los gobiernos después tendrán que cobrar impuestos adicionales para evitar un gran escalamiento de la deuda pública. Los ahorros así producidos, les permitirán a los hogares enfrentar en el futuro esas mayores cargas tributarias. Después vendrían las ideas complementarias sobre la importancia de adoptar políticas monetarias-fiscales de tipo “sorpresivo” para evitar que el anticipo de ellas por parte de los hogares tornara esas políticas inefectivas.

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