El principio de la culpa – De tu lado con Álex – Vida




Primera escena: una niña de 5 años, sentada a la mesa, refunfuñando porque no quiere terminar la sopa que tiene frente a ella.

Segunda escena: la mamá le suplica a la niña que, por favor, se tome toda la sopa.

Tercera escena: la niña cierra la boca y grita que no se la va a tomar.

Cuarta escena: la mamá le dice que se dé cuenta de lo privilegiada que es y le recuerda los millones de niños que en el mundo mueren, literalmente, por no poder tomarse una sopa… ¡y es el colmo que ella la desperdicie!

Quinta escena: la niña recuerda a todos los niños que ha visto en la calle pidiendo limosna, se siente culpable y se termina la sopa, a pesar de que ya está completamente satisfecha.

Sexta escena: la mamá felicita a la niña por ser tan juiciosa.

¿Les suena familiar esta ‘película’? Apuesto a que sí. ¡Creo que la mayoría hemos estado en el papel de la niña o en el de la mamá!

Nadie podría negar que la mamá tiene buenas intenciones, pues quiere que su hijita se alimente bien. Sin embargo, este simple momento, que tantos hemos vivido, es un claro ejemplo de que desde niños nos han condicionado a que la culpa es un excelente instrumento para lograr un cometido. Y en el transcurso de nuestras vidas seguimos, subconscientemente, aplicando esta lección.

El sentimiento de culpa nos hace sentir tan mal, que actuamos en contra de nuestra propia esencia con tal de no sentirla y, en últimas, contar con la aprobación de nuestra familia o de la sociedad. ¿Y cuántas veces hemos sido nosotros los que hemos hecho sentir culpables a nuestros seres queridos por no hacer lo que queremos?

¿Cuántas personas han tenido hijos solo porque los papás los hicieron sentirse culpables por no ‘darles nietos’? ¿Cuántos padres logran hacer sentir culpables a sus hijos porque no estudian la carrera que ellos consideran es la mejor? ¿Cuántos se casan con una persona a quien no aman con tal de no sentir la culpa de defraudar a la familia? ¿Cuántos hemos permanecido en una relación estancada para no afrontar la culpa de terminar?

Estamos adoctrinados para pensar que los niños buenos hacen lo que se les dice y que si no lo hacen, no habrá carita feliz… y, por el contrario, ¡sí mucha culpa!

Liberémonos de una vez por todas de las culpas impuestas y fijémonos qué decisiones estamos tomando para evadirlas. Es decir, en lugar de actuar guiados por la culpa, hagámoslo impulsados por nuestros deseos y realizaciones propias.

ALEXANDRA PUMAREJO

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